Guía en 4 pasos para una alimentación sostenible

En los últimos tiempos no paramos de leer y escuchar que debemos alimentarnos de forma más responsable, sostenible y comprometida con el medio ambiente y con nuestro entorno social. En este blog post vamos a presentar una guía de 4 pasos de cómo llevar una alimentación sostenible.

Pero no es fácil determinar lo que debe constituir una alimentación sostenible. Se requiere mayor investigación y consenso en este ámbito para poder dar respuestas verdaderamente concluyentes.

Algunos de los factores más importantes que influyen sobre la sostenibilidad de una dieta podrían ser, entre otros, los siguientes: 

  • El entorno socioeconómico local. 
  • El contexto cultural. 
  • El medioambiente, local y global. 
  • El aspecto nutricional de la dieta.
  • El crecimiento poblacional.
  • La escasez de recursos.

En 2010, la Food and Agriculture Organization (FAO) definió de esta manera una dieta sostenible:

“Las dietas sostenibles son aquellas que generan un impacto ambiental reducido y que contribuyen a la seguridad alimentaria y nutricional y a que las generaciones actuales y futuras lleven una vida saludable. Además protegen y respetan la biodiversidad y los ecosistemas, son culturalmente aceptables, accesibles, económicamente justas y asequibles y nutricionalmente adecuadas, inocuas y saludables, y optimizan los recursos naturales y humanos.”

Mr.Bean comiendo muslos de pollo

1.REDUCIR EL CONSUMO DE CARNE

Seguramente esto no te haya pillado por sorpresa. 

La realidad es que la carne es considerada uno de los alimentos con mayor impacto ambiental dentro de la pirámide de alimentación. Así lo afirma, entre otros, el Grupo Internacional de Expertos sobre Cambio Climático (IPCC) en su reciente informe “Climate Change and Land”. Esto se debe, entre otros factores, a:

  • La gran cantidad de terreno necesario para la práctica ganadera (30% del territorio global según el estudio realizado por Steinfeld et al: “Livestock’s Long Shadow: Environmental Issues and Options”), que tiene como consecuencia procesos de deforestación y pérdidas de hábitat y biodiversidad.
  • Las emisiones asociadas a la práctica ganadera, estimadas en más de 8 Gigatoneladas de CO2 (equivalente) anuales según datos de la FAO.
  • La cantidad de agua necesaria y empleada para la producción de carne, calculada en 2400 Gm3 anuales, según el estudio de Mekonnen et al: “A Global Assessment of the Water Footprint of Farm Animal Products”.
  • La degradación de los suelos y su pérdida de capacidad de absorción de CO2.

Por estos y otros motivos, instituciones como el IPCC o la FAO, así como diversos gobiernos, sugieren una reducción en el consumo de carne en nuestras dietas. De esta manera, minimizando el impacto ambiental y de cambio climático, adquirimos un gran potencial anual de reducción de emisiones.

Asimismo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda reducir el consumo de carnes rojas y, en especial, de carnes y otros productos procesados por sus potenciales peligros para la salud humana. 

Según las recomendaciones oficiales del gobierno sueco, uno de los países más explícitos en sus guías sobre alimentación, se propone no sobrepasar los 500g de carne roja cocinada por semana. 

Comparativa de emisiones anuales estimadas entre las distintas especies de ganado. El vacuno es la especie más emisora, con más de un 50% del total de las emisiones. Fuente: Modelo de la Evaluación Ambiental de la Ganadería Mundial 2.0 (GLEAM), FAO.

2. COMPRAR PESCADO CERTIFICADO

El pescado es una gran alternativa de fuente de proteína y vitaminas esenciales. Sin embargo, teniendo en cuenta que nuestros mares están actualmente sobreexplotados, y que la acuicultura practicada de forma irresponsable puede generar graves efectos nocivos sobre nuestro entorno (ver: por qué debemos proteger nuestros mares), cabe preguntarse si el consumo de pescado es realmente sostenible.

La World Wildlife Foundation (WWF), y otras instituciones, recomiendan que el pescado que consumamos sea certificado como sostenible. Tanto si es proveniente de pesca salvaje, como si proviene de acuicultura. Garantizando: 

  • La supervivencia a largo plazo de las especies salvajes capturadas, el respeto de sus ritmos de vida y reproducción y la utilización de técnicas de pesca de bajo impacto ambiental.
  • La supervivencia de otras especies salvajes en los entornos de pesca o de acuicultura.
  • El bienestar del medio marino y la minimización del impacto sobre el entorno.
  • Ningún uso innecesario de antibióticos o productos químicos en los pescados y sus aguas, repercutiendo positivamente en la calidad final del producto. 

Esta misma organización sin ánimo de lucro (WWF) recomienda el consumo de pescado certificado por las siguientes instituciones certificadoras:

  • La Marine Stewardship Council (MSC) para pesca de procedencia salvaje.
  • La Aquaculture Stewardship Council (ASC) para pescado de acuicultura. 

Estas dos certificadoras son las principales instituciones reguladoras y certificadoras mundiales de pescado sostenible ¡Busca sus logos/sellos en el supermercado!

Los expertos nos recomiendan consumir pescado en moderación y vigilando las recomendaciones en materia de salud.

En KCARROT, todo nuestros pescados provienen de pesquerías y granjas de acuicultura certificadas por la MSC y ASC.   

Logo MSC (superior) para pesca salvaje sostenible. Logo ASC (inferior) para acuicultura sostenible.  
Logo MSC (superior) para pesca salvaje sostenible. Logo ASC (inferior) para acuicultura sostenible.

3. INCREMENTAR EL CONSUMO DE VEGETALES 

Las principales instituciones internacionales que estudian la materia, diversos estudios científicos y multitud de guías oficiales de gobiernos nacionales, coinciden en recomendar un incremento en la cantidad de frutas y vegetales que consumimos en nuestras dietas. Tanto por razones de salud, como por el beneficio ambiental que se espera de ello si se logra rebajar el consumo de carne en favor de los alimentos de origen vegetal.  

En concreto, países como Alemania, recomiendan comer 5 porciones diarias de fruta y vegetales. Brasil, sin ser demasiado explícito, recomienda elegir principalmente alimentos de origen vegetal en la elaboración de las dietas. Suecia, por su parte, recomienda comer al menos 500g diarios de frutas y vegetales.

Dentro de la actividad de producción alimentaria, los productos de origen vegetal son los que generan un menor impacto medioambiental. Tanto en números absolutos como en números relativos (impacto por kg producido o impacto por kilocaloría producida). 

Comparativa de emisiones de CO2 equivalente por kg producido de alimento. Fuente: Informe de la Cooperación Nórdica, recomendaciones nórdicas sobre nutrición. 
Comparativa de emisiones de CO2 equivalente por kg producido de alimento. Fuente: Informe de la Cooperación Nórdica, recomendaciones nórdicas sobre nutrición.

 

Además, la agricultura necesita menos espacio que la ganadería para el cultivo de la misma cantidad de producto. El 70% del total de la tierra utilizada en producción de alimentos está destinada a la ganadería (Steinfeld et al.). Además, un tercio de la producción mundial de cereales va destinada a los piensos del ganado, y el 86% de la ingesta animal se compone de productos que no están destinados para el consumo humano, según datos de la FAO

Por lo tanto, un incremento en la demanda de productos vegetales, y una bajada en el consumo de productos cárnicos, supondría:

En la medida de lo posible se debe tratar que la fruta y vegetales que compramos sean de temporada, con el fin de fomentar: 

  • Un uso más respetuoso y menos dañino de los suelos, respetando los ciclos naturales del clima local sin necesidad de incrementar el uso de otros recursos escasos (como, por ejemplo, el agua), o de diversos productos químicos.   
  • La reducción de la intensificación y el monocultivo, favoreciendo, por tanto, la rotación de cultivos y con ello un mejor estado de la tierra y de sus propiedades, garantizando su sostenibilidad a medio y largo plazo.
  • La producción local, evitando grandes gastos económicos y medioambientales que se producen debido a los medios de transporte empleados para las importaciones, a su almacenamiento y a otros procesos involucrados. ¡Esto repercutirá positivamente en el precio del producto!

Por otra parte, si tenemos la posibilidad de hacerlo, se recomienda seleccionar productos ecológicos. La producción ecológica no es necesariamente la solución global para lograr una agricultura sostenible (ver: ¿cómo lograr una agricultura sostenible?) pero, desde luego, va a generar impactos sociales y ambientales positivos. Especialmente en entornos socio-económicos de países desarrollados.  

Según la normativa de certificación ECO: 

“Los métodos de producción ecológicos desempeñan un papel social doble, aportando, por un lado, productos ecológicos a un mercado específico que responde a la demanda de los consumidores y, por otro, bienes públicos que contribuyen a la protección del medio ambiente, al bienestar animal y al desarrollo rural”.

Entonces, ¿me hago vegano?

A día de hoy, desde el punto de vista de la salud y nutrición humana, no existe evidencia suficiente que nos permita recomendar una dieta basada exclusivamente en productos vegetales. Hace falta más investigación y mayor consenso.

Las instituciones y gobiernos mencionados anteriormente se limitan a recomendar una dieta variada. Eso sí, prestando especial atención a las cantidades consumidas de cada tipo de producto (especialmente en países en desarrollo donde no existe acceso a dietas variadas y donde la ingesta de carne es esencial para el aporte de proteína y otros nutrientes).

4. NO TIRAR COMIDA

La cantidad de desperdicios alimentarios globales destinados a consumo humano, según datos oficiales de la FAO, asciende a 1300 millones de toneladas (un tercio de la producción total). Esto es, sin duda, uno de los grandes problemas de nuestro sistema de consumo actual. Especialmente considerando que 1 de cada 9 personas en el mundo sufren de hambre

Estos desperdicios suponen un gasto económico, medioambiental y social inadmisible. Cuanto menos gastemos en vano, mejor; simple y llanamente. Estos desperdicios se dan en todas las etapas de la cadena de alimentación (desde la producción hasta el consumo final). Por lo tanto, como consumidores, tenemos un papel importante que jugar en este ámbito. 

Todos los expertos coinciden en recomendar una mayor conciencia de las cantidades de alimento que vamos a incorporar en nuestra dieta, buscando el equilibrio entre la energía que nos proporcionan y la energía que necesitamos, según el estilo de vida que llevemos. Una cesta de la compra mejor planificada fomentará la reducción de los desperdicios alimentarios. 

Vigo mortnesen tirando comida por la ventana de su coche

Y hasta aquí nuestra guía, fundamentada en las recomendaciones de instituciones y expertos en la materia, para llevar una dieta más sostenible y respetuosa con nuestro entorno. 

Salud y bienestar, cambio climático y protección de la biodiversidad son nuestros grandes objetivos empresariales. Y como tal, en KCARROT trabajamos para que toda nuestra oferta alimentaria se ajuste a todos los criterios mencionados en este post.

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¡Hasta la próxima! 😉

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